15.8.09

Desencuentros

Grito tu nombre
y tu nombre me grita,
una mezcla repentina,
quien conoce el nombre ahora,
quien sabe cuando se transforma,
quizas alguna persona,
quizas todos menos nosotros dos
presos del desencuentro.
Y tus ojos que me llaman 
son sordos a mis ojos
que te gustan, te sienten.
Una sonrisa delimitada 
por el no conocimiento del verdadero sonido,
un suspiro de mis manos,
un cansancio de tus pies.


La mente no diferencia de anomalías,
solo se cansa sin saber razones.